miércoles, 26 de octubre de 2011

La explotación del indio en el “Sueño del Pongo”

Muchas veces podemos pensar que la situación de la explotación social es muy ajena a nuestra realidad, que es algo que no nos respecta, debido a que no la practicamos, y por lo tanto no debería inmutarnos. Pero… ¿realmente no la practicamos? ¿Realmente es una situación lejana a nuestro entorno? Tal vez, al vivir el día a día, acostumbrados a la rutina y “normalidad” del atropello, no se nos es posible notarlo. Tal vez vivimos ciegos, intentando tapar el sol con un dedo.

Para contar con un mejor entendimiento del tema, creo conveniente establecer primero una definición del mismo. Según el diccionario de la Real Academia Española, el concepto explotación es utilizar en provecho propio, por lo general de un modo abusivo, las cualidades o sentimientos de una persona, de un suceso o de una circunstancia cualquiera. Entonces se puede afirmar que una explotación es un atropello a la integridad humana, puesto que se hace uso de su esencia únicamente para satisfacer intereses propios, sin dejar importancia alguna para los intereses de la persona explotada.

El cuento “El sueño del Pongo” de José María Arguedas presenta una situación inevitablemente cierta y cercana a nuestra realidad. Narra la explotación de un indio, Pongo, por su patrón. Finalmente se muestra la reivindicación del indio a través de un sueño, el cual se lo cuenta al terrateniente. En dicho sueño tanto el Pongo como su patrón se encuentran en el cielo y ambos viven realidades diferentes a las suyas en vida, quedando así el Pongo en dicha y el hacendado en humillación. Se puede observar que este cuento refleja claramente la realidad peruana hace unas décadas, cuando la situación era extrema. En el cuento se hace clara referencia al maltrato físico y psicológico al indígena, simplemente por ser uno. Se alega además a la burla hacia éste, dejándolo en inferioridad y degradando su integridad constantemente. Lamentablemente ésta no ha cambiado mucho; si bien es cierto se ha apaciguado bastante, no se ha mejorado notablemente. La explotación sigue presente, de manera indirecta y hasta a veces invisible, pero presente. ¿Cómo?

No se deja de culpar a los indígenas por su ignorancia, por su falta de superación, cuando en realidad no son ellos quienes tienen la culpa de su falta de cultura. El ser humano vive de costumbres, y ellos se han acostumbrado a vivir de esa manera, se los ha acostumbrado a vivir de esa manera. Lo que pasa ahora es la consecuencia de todos aquellos años en los que ellos pasaron sus días en inferioridad, en humillación, con falta de recursos, de oportunidades. Así que ahora no conocen otra manera de vida, y culparlos por eso es como acusar a alguien de algo que no conoce. El hoy es la cosecha del ayer.

Lo único que esto provoca es un retroceso en el desarrollo económico del país, así como un impedimento para una unidad como nación. Al mantenerlos en un nivel sometido, el avance económico se ve truncado, pues no se permite el apogeo intelectual de cada ser, con el que se podría sacar provecho y hacer mejor uso de cada recurso natural existente en el Perú. Además, este contexto separa a la sociedad en dos grandes grupos, de los cuales sólo uno está destinado a triunfar. También esta realidad impide el avance, ya que es más fácil trabajar con un único grupo, a que con dos. Y con esto me refiero al Estado. Al trabajar con dos grupos muy diferenciados tanto social como económicamente, es necesario velar por las necesidades de cada uno, siendo éstas notablemente distintas para cada montón. Entonces el proyecto de desarrollo progresivo se demora, puesto que se debe hacer uno diferente para cada realidad. No es que no suceda, si no que se vuelve lento y más trabajoso.
Entonces, si realmente anhelamos una superación nacional, debemos incluir a cada miembro en ésta, sin velar únicamente por los intereses de unos y dejar de lado los de otros, explotándolos y violando su integridad. Pues, como ya mencioné, explotar no se refiere únicamente a un maltrato, sino también a un atropello. Un atropello de las aspiraciones, de los sueños, del intento de superación. Un atropello de las metas de cada persona, abriendo paso de esta manera a una frustración. ¿Por qué, mejor, no nos damos la oportunidad de confiar en nuestros compatriotas, y de creer en su capacidad y en la nuestra? Si estamos seguros de la eficiencia de nuestra capacidad para lograr nuestras metas, entonces no necesitamos de otros, no necesitamos de su excesivo sacrificio. La idea de la explotación para la superación personal queda entonces fuera de lugar. Mas para la superación nacional cada uno es indispensable, y todos necesitan de todos, por lo que hay que dar la oportunidad a cada uno de mostrar lo que tiene, de brillar, para así poder siquiera soñar son el apogeo peruano. Porque todos desean triunfar, todos anhelan cumplir sus metas. Porque todos soñamos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Qué factores impiden la formación de una identidad nacional en el Perú?

Muchas veces pensamos en lo lindo que sería  vivir en países extranjeros, o en lo productivo que sería si el Perú adoptara sus formas y rutinas. Pero, ¿alguna vez nos hemos puesto a pensar si el Perú está en condiciones de hacerlo? ¿O si acaso lo necesita? Mayormente nos limitamos a creer que el desarrollo de nuestro país está en manos de factores  ajenos a nosotros, como el problema social, una economía inestable, gobiernos corruptos. Nos limitamos. Es a lo que generalmente nos dedicamos… ¿Y alguna vez nos hemos limitado a sentirnos bien con lo que somos, con el país del que venimos, con nuestra patria?

En pocos años se dará lugar a un acontecimiento sumamente significativo para nuestra patria, para nuestra libertad: el Bicentenario de la Independencia del Perú. ¿Y qué hemos logrado? ¿Nos sentimos orgullosos de nuestro país? ¿Estamos realmente consientes de nuestra realidad?

Para algunos, la situación es bastante cómoda, muy normal, como ellos lo dirían, una vida comúnmente cotidiana y llevadera; hasta en algunos casos llegarían a decir: “Me va bien”. Sí claro, el contexto en el Perú no es de lo mejor, existe corrupción, injusticia, pero: “A mí me va bien, no me afecta, no hay nada que pueda hacer.” Sin embargo, hay también, algunos otros  que  dicen: “Me va bien” dentro de  una realidad algo diferente,  ésa en la que consiguieron ese día comer un trozo de carne, o tal vez en la que lograron que sus cosechas no se malogren y así lograr su sustento diario. Mayormente, por no decir siempre, estos algunos suelen ser los indígenas.

Y lo que pasa es que en nuestro país existe un grave problema de racismo: se cree que la raza con ascendencia española es más digna que aquella con sangre indígena. Pues bien, el origen de todo esto no se encuentra en los tiempos recientes, es decir, este conflicto racial no se ha creado de la noche a la mañana. Es un largo proceso por el que ha pasado la raza indígena, desde la época virreinal. Antes, en el tiempo de los incas, todos eran indígenas; la única discriminación existente era esa que iba en contra de otras culturas menores. Después de la conquista, la balanza cayó bruscamente hacia el otro lado, posición que no se ha logrado equilibrar hasta hoy en día. Los españoles presionaron a los indígenas, poniéndolos como sus esclavos y como una raza extremadamente inferior, postura muy conveniente para los españoles, pues ellos gozaban de mayores privilegios. Hasta en la temporada de las luchas por la Independencia y la posterior a esta, los criollos, provenientes de familias españolas, mantuvieron dichos beneficios; los indígenas continuaban en una condición inferior. Esto ha ocasionado que la mentalidad de las personas criollas de hoy en día sea de superioridad para con la raza nativa. Así que a lo largo del tiempo se ha ido creando cierto rencor, lo que impide la formación de una unión, de una identidad nacional.

Otro factor que evita su consolidación es la variedad de culturas presentes en el Perú. En realidad esto debería ser un gran aporte para nuestro país, sin embargo, dificulta, como ya lo mencioné, la existencia de una identidad nacional. Cada persona se identifica especialmente con su propia cultura, y la diferencia es bastante marcada. Y el verdadero impedimento es que no lo sabemos apreciar. Tal vez es porque ya nos acostumbramos a vivir así, o porque simplemente no nos damos cuenta o no conocemos sobre nuestra riqueza cultural. Pero lo cierto es que cuando una persona ha tenido la oportunidad de apreciar otra realidad, y con esto me refiero a otro país, es capaz de caer en la cuenta de la abundancia de nuestros tesoros, y es entonces cuando comienza a admirarlos y valorarlos como debe ser.

Pero también está este otro problema: la vergüenza que algunos peruanos sienten hacia su propia cultura e historia. Como se sabe, hace algunos años el gobierno dio la orden de no cantar más la primera estrofa del himno nacional, escrito originalmente por La Torre Ugarte; y, en vez de ella, la sexta; debido a la humillación y minimización de la integridad del peruano implícitas en la primera, por la forma en que está redactada dicha estrofa.  Mas la misma hace referencia nada más y nada menos que a nuestra historia. Entonces, ¿la estamos evitando? ¿Qué estamos evitando en realidad? ¿La manera vil en que oprimieron a nuestros ancestros? Porque dicha parte del himno nacional lo describe en pocas palabras casi a la perfección. Pero no hemos caído en la cuenta que si borramos esa etapa de la historia de nuestra memoria, borramos también la heroica libertad que conseguimos, el esfuerzo dado, la forma intachable de luchar por un ideal, la persistencia y la creencia fiel en el mismo, el ingenio y la evidente garra peruana para lograr el objetivo, pasando por cualquier dificultad interruptora. Borramos entonces la tenacidad peruana, visible hasta hoy en día, en personas tratando de sacar a sus familias adelante. “Largo tiempo el peruano oprimido/ la ominosa cadena arrastró; / condenado a una cruel servidumbre/ largo tiempo en silencio gimió. / Mas apenas el grito sagrado/ ¡Libertad! En sus costas se oyó, / la indolencia de esclavo sacude, / la humillada cerviz levantó (1; 2; 3; 4; 5; 6; 7; 8)”.

Intentamos ignorar el sacrificio hecho, tomando el camino más fácil: la ingratitud. ¿Por qué tenemos que sentirnos humillados por eso? Llevemos nuestra historia con la frente en alto, con dignidad, sintiéndonos como héroes de ella; sin que eso implique obviamente un rencor acumulado. Es verdad que la mentalidad del peruano es sufrida, justamente por la razón de la dura dolencia que el peruano ha vivido a lo largo de los años; y es eso lo que en realidad nos caracteriza. Es como nuestra esencia. Aún nos lamentamos por lo que los españoles hicieron con nuestros ancestros, como si lo hubieran hecho con nosotros. Pero recordar el pasado no significa vivirlo en el pecho, sino vivirlo en la mente. Nuestro hoy es ahora un presente, lo de ayer es historia, que ya no se debe sentir, mas no se puede olvidar; es la mayor fuente de consejo que tenemos. Pero de esto hay algo bueno que rescatar: de alguna manera sí existe una identificación con el pasado. Es decir, al sentirse todavía dolido por el padecer antiguo, el peruano expresa inconscientemente cierta solidaridad, cierto reconocimiento para con el pasado; lo que crea afinidad y reafirma que el peruano sí tiene entendimiento de su historia, de su cultura. En pocas palabras, detrás del hecho del sentir sufrido se encuentra eso que “supuestamente” no tenemos: unificación.

Entonces, si logramos unificarnos por nuestra historia, ¿por qué no lo hacemos también por todos los demás elementos que tenemos en común? Ya que, si intentamos darle a este concepto una aclaración, la unificación se logra a base de elementos en común. Y, a partir de esta definición, para el Perú sería entonces  bastante difícil conseguirla, debido a las muchas culturas que se desarrollan en este país, como ya mencioné antes. No obstante, en realidad sí contamos con dichos requisitos, lo que pasa es que los dejamos de lado. Está nuestra bella riqueza natural, nuestra historia, nuestra ingeniosa gastronomía y otros. Y si bien es cierto no son muchos, debemos aferrarnos fuertemente a esos pocos, y valorarlos inmensamente. Y así como a dichos elementos, debemos valorar y admirar también a cada cultura existente en el Perú, por más que no sea la propia, porque cada una contribuye y pone su esencia para que este país sea maravilloso. La multiculturalidad no es en realidad ningún impedimento para el desarrollo. El único impedimento es la falta de orgullo, la falta de amor por este país.

Entonces, si nos volvemos a preguntar: ¿qué bueno hemos logrado? … ¿Cuál sería tu respuesta? ¿Te sentirías ahora orgulloso de ser peruano?


Bibliografía:


http://es.wikipedia.org/wiki/Himno_Nacional_del_Per%C3%BA

Bicentenario de América

¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles. Simón Bolívar.

Si llevamos nuestras mentes a ese pasado trascendental, a la batalla triunfal que definió nuestra eterna libertad, entonces nos topamos con un parlamento motivador que logró la gloria de nuestro ejército en la Batalla de Junín. Pero bueno, ¿qué es exactamente lo que dice ese parlamento? Pues en concreto resalta la vital importancia que suponía nuestra independencia para América en su totalidad.

El Perú era el único territorio americano que aún albergaba, si no en su totalidad, en gran parte, al poder realista. De esa manera, las posibilidades de recaer en una monarquía bajo el poder de España eran múltiples. Y era justo por esa razón por la que los países vecinos, los cuales ya estaban independizados, poseían un gran sentimiento de miedo. En resumen, era sumamente significativa para la libertad de toda América la sola independencia del Perú.

Y ahora, después de casi 200 años de Emancipación, evocamos nuevamente estas escenas de lucha constante y gloria. Pero… ¿es exactamente gloria lo que sentimos? ¿Realmente nos sentimos orgullosos de lo que hemos logrado en todo este tiempo? Entonces nuestra mente hace alusión a los presidentes que nos han regido, algunos decentes, otros no tanto; a las guerras perdidas en un pasado más cercano; a la ignorancia de nuestra gente; y en fin, a la infinidad de situaciones vergonzosas por las que nuestro país ha pasado. Y la mayoría de veces no nos acordamos del otro lado, de nuestra riqueza natural, como lo son nuestras once ecorregiones; así como de la cultural, con la variedad de distintas civilizaciones que se desarrollaron en cada región, sin incluir a los Incas. Y se podría nombrar también la gastronomía peruana, tan exquisita y diversa. Y es así que, como de los malos, existen infinidad de aspectos positivos característicos de nuestra patria. Lo único que nos falta, es llevarlos con el pecho en alto.   

Y, para lograr este propósito, es extremadamente necesario contar con un proceso de educación. Esta es la única forma en que podamos construir una identidad peruana en común y que sea digna de orgullo. Y un ambiente de aprendizaje se da desde el núcleo de la sociedad: la familia. Lamentablemente en nuestro país se va creando de manera progresiva una mentalidad, constituida desde el hogar, herida y derrotista. No se nos hace fácil olvidar el rencor hacia nuestros países vecinos, por situaciones ni siquiera sucedidas en el presente. Se puede mencionar como un ejemplo la Guerra del Pacífico, que nos mantiene en enemistad con Chile. O simplemente el hecho de no sentirnos identificados con nuestra política y pensar que la mejoría del Perú no es algo posible en nuestra realidad, cuando ni nosotros mismos intentamos cambiarla, diciendo de forma excesivamente conformista: “Si los demás no lo hacen, de nada va a servir que lo haga yo.”

Es por eso que es indispensable que logremos apartarnos de los constantes complejos y prejuicios que de sobra tenemos, y botemos ese pensamiento mediocre y conformista que nos apodera; para que así podamos mirar más alto y motivarnos para traer a nuestra realidad ese Perú que tanto soñamos. Pero que esta vez no sólo se quede como tal. Recordemos que nosotros hacemos al país.  ¡Pues hagamos al Perú merecedor de una celebración en esta fecha, el bicentenario de su independencia y la de América!

Bibliografía:

http://blog.pucp.edu.pe/blog/identidadnacional

¿Nos quedamos en el mapa?

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: “Las apariencias engañan”? Al menos unas cuantas, ¿no? Pues bien, ¿es dicha frase tan sólo una forma de volvernos inseguros, o es que realmente intenta descubrirnos algo trascendente? A mi parecer, tiene un sutil tono de advertencia, como si nos retuviera un segundo, como si nos apelara a detenernos un momento para pensar, pero… ¿en qué?

“El mapa no es el territorio, y el nombre no es la cosa nombrada.” Alfred Korzybski. Si nos mencionan esta frase en una importante reunión, entonces diremos tal vez: “Muy sabio. ¡Pero qué cierto!” ¿Pero acaso tenemos idea alguna de lo que Alfred Korzybski quiere delatarnos con estas palabras? Muy superficialmente hace referencia a lo pobre que es un mapa en su información, por más detallado que sea. Nunca logrará mostrarnos la verdadera realidad de una zona, a las justas alcanzará a exhibir sus más conocidos y difundidos detalles, pero en un lugar no sólo se esconden sus características geográficas, están también sus riquezas culturales, sus creencias, sus costumbres, su gente. Eso no se revela en un simple y pobre mapa.

Además, el nombre de una cosa no es siempre lo que ésta significa, se limita a ser únicamente un significante. Es decir, que para cada individuo un objeto vendrá a contextualizar una realidad muy distinta, un diferente valor. ¿A qué me refiero con muy distinto? Por ejemplo, un caso muy concurrido, el alcohol. Para unos será este mismo una manera de diversión, de desinhibición, de poder hacer cosas que sobrio no las harían. En cambio, para otros es una manera de desahogo, un tipo de consuelo en el que intentan olvidar sus problemas, sus penas, su peso. Mas terceros sentirá que el alcohol es un tormento, una sombra que los persigue, un contexto del que no pueden escapar, el homicida de sus vidas. Es por eso que Alfred Korzybski manifiesta que el nombre no es la cosa nombrada.

Todo esto se da porque cada persona vive una realidad diferente. Detrás de cada sujeto con el que nos relacionamos, se esconde todo un nuevo mundo desconocido para nosotros, reservado únicamente para el dueño de esa realidad. Es decir, que cuando creemos conocer a una persona, es posible que no lo hagamos; probablemente percibamos solamente su estado y su sentir más superficial. Empero tras esa capa de superficialidad se encubre toda una riqueza indescifrable, incomprensible para la sociedad externa, por lo que el individuo prefiere ocultarlo. Justamente por esta razón cada persona tiene una manera peculiar de percibir y aceptar al mundo, al contexto en el que vivimos. Mucho mérito ha hecho alguien que logra entender el entendimiento del otro, pues así es posible, pero sólo posible, que comience a descubrir el yo interno de ese otro.

Entonces, si la frase del inicio nos frena por un momento para pensar, ¿en qué debemos pensar exactamente? Debido a que cada persona recibe a la realidad del  mundo de diferente forma, dependiendo de su realidad propia, ¿podemos acaso juzgarla por el modo en que lo hace? Nosotros no conocemos la realidad de los demás, por lo que no sabemos tampoco su forma de sentir. Si existe el dicho: “Piensa antes de hablar”, también debería existir uno que diga: “Piensa antes de juzgar”. Pues como las apariencias engañan, es posible asímismo que nuestros pensamientos nos engañen, y califiquen a un ser en nuestra realidad por algo que en su realidad no es. Es por eso que deberíamos intentar abrir nuestras mentes para así lograr entender la esencia de los que nos rodean, y valorarlos por lo que son y no por lo que parecen. Por algo somos humanos, no sólo contamos con nuestros cinco sentidos, los que nos hacen percibir únicamente la apariencia, sino también con una capacidad de análisis, de reflexión. Miremos más allá de nuestro entender, miremos más allá del mapa.

Análisis del cuento “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”

Gabriel García Márquez es un reconocido novelista de nacionalidad colombiana, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982. Nació y creció en Aracateca, un pueblo chico y con costumbres hogareñas, las cuales las plasma en el cuento “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”. A la vez describe los escenarios de esta narración con características del desierto, tal y como era el entorno de su ciudad natal. Además, al pasar mucho tiempo con sus abuelos maternos en su infancia, obtuvo cierta influencia por parte de ellos. Su abuelo, que fue un coronel, le solía decir constantemente a su nieto: “Tú no sabes lo que pesa un muerto”, con lo que hacía referencia a la gran carga que era haber matado a un hombre; por lo que Gabriel representa en este cuento el significado de dicha frase, narrando cómo la abuela carga con los cuerpos de los Amadises muertos en todo momento y al lugar que fuera. Por otro lado, admiró mucho la manera en que su supersticiosa abuela tratara lo fantástico con la mayor naturalidad, por lo que su estilo predominante en sus obras es el realismo mágico.

La voz del narrador, que es cuasiomnisciente,  describe el abuso y la explotación que comete una abuela hacia su pequeña nieta Eréndira y la falta de libertad de esta última, como la locura por hacerle pagar una deuda pendiente, originada cuando Eréndira incendió la casa de la abuela por accidente. De esta manera la abuela decide prostituir a su nieta, ya explotada antes por hacer todos y cada uno de los quehaceres de la casa y atender a la abuela, y cómo durante este trayecto conoce a un adolescente: Ulises. A la vez se puede notar que el cuento se encuentra basado en una antítesis entre la abuela, que era grande y, a pesar de haber sido prostituta en su pasado, con mucha dignidad; y Eréndira, la cual era menuda e introvertida. Asimismo hay en el cuento una gran peculiaridad, que es la repetición del “viento de su desgracia”, el cual ocasiona la deplorable situación de Eréndira y el tema de este relato y que toma durante el avance de la narración el poder de cambiar el destino de este personaje.

El fragmento por analizar se encuentra a poco más de la mitad del cuento y narra el camino al mar. Se divide en tres apartados, de los cuales en el primero se describe este viaje, recalcando la antítesis entre ambos personajes y la grandeza de la abuela. “(…)Su tamaño monumental había aumentado(…)”, con esto la vos del narrador resalta el gran tamaño de la abuela y su increíble dignidad, haciendo uso de una metonimia y una hipérbole. Además se aprecia un símil en: “(…) debajo de la blusa un chaleco delona de velero, en el cual se metía los lingotes de oro como se meten las balas en un cinturón de cartucheras. (…)”, donde el narrador indica la manera en que la abuela se apega a sus riquezas, y las lleva consigo en el cuerpo, como si fueran indispensables. “(…)Eréndira estaba junto a ella, vestida de géneros vistosos y con estoperoles colgados, pero todavía con la cadena de perro en el tobillo.”, aquí se observa claramente dos antítesis, en las cuales la voz del narrador explica la gran diferencia entre la abuela, que va libre, y Eréndira, que va amarrada. La segunda antítesis es en la mera situación de Eréndira, que viaja entre y con riquezas, pero aún así presa a todo eso.



El segundo apartado narra una nueva visión del porvenir, en la que la voz del narrador relaza también la ironía de la abuela. “No te puedes quejar (…) Tienes ropas de reina, una cama de lujo, una banda de música propia, y catorce

indios a tu servicio. ¿No te parece espléndido? (…)”, se puede observar una enumeración, con la que la abuela intenta resaltar y hacer parecer mayor la cantidad de comodidades que posee Eréndira. “(…) Sí, abuela. (…)”, con esta frase Eréndira representa una rendición hacia la abuela, que hace referencia al nivel inferior que toma en esa jerarquía. “(…) Cuando yo te (…) no quedarás a merced de los hombres, porque tendrás tu casa propia en una ciudad de importancia. Serás libre y feliz.”, con esto la abuela crea una visión para el futuro de Eréndira, completamente nueva para ella, en la que deja muy en claro que la libertad no incluye a ningún hombre. A la vez aparece una nueva antítesis con respecto al primer apartado, en el que la voz del narrador describe cómo Eréndira viaja amarrada a una cadena de perro, entonces se acentúa la ironía de la abuela. “(…) Se sometió en silencio al tormento de la cama en los charcos de salitre, en el sopor de los pueblos lacustres, en el cráter lunar de las minas de talco, (…)”, donde el narrador hace uso de un asíndeton, que hace lenta la oración, para subrayar la pesadez que siente Eréndira y la monotonía de sus días. “(…) mientras la abuela le cantaba la visión del futuro como si la estuviera descifrando en las barajas. (…)”, se aprecia un símil, con el que la voz del narrador recalca la facilidad con la que la abuela le relata el futuro a su nieta.



En el último y tercer apartado se describe la llegada al mar, que habla sobre un cambio y hace referencia al alivio que sienten ambas al alcanzar los límites del mar y que abre las puertas a un episodio nuevo. “(…) al final de un desfiladero opresivo, percibieron un viento de laureles antiguos, y escucharon piltrafas de diálogos de Jamaica, (…)”, la voz del narrador se presta de una metáfora, en la que “viento de laureles” es algo nuevo y diferente al “viento de la desgracia” que cambió el destino de Eréndira, por lo que el primero lo cambiará de una forma distinta. Entonces se explica un cambio entre lo agobiante y algo nuevo, distinto. A la vez esta metáfora indica que el viento era muy fuerte, tanto así que escucharon “piltrafas de diálogos de Jamaica”. “(…) sintieron unas ansias de vida, y un nudo en el corazón, y era que habían llegado al mar.”, se hace uso de una aliteración, para acelerar el ritmo y así recalcar este cambio, que también trae sensaciones diferentes a las que habían sentido antes.



Este cuento relata una historia realmente triste e increíble, tal y como lo dice el título, en la que se nota claramente el estilo de Gabriel García Márquez: el realismo mágico; y debo agregar que me impresiona la facilidad con la que este escritor hace tan real algo que es irreal, lo hace parecer parte de la vida cotidiana. Y es que mientras leía sentía dentro de mí infinidad de sensaciones, desde indignación y cólera por la abuela y Eréndiras hasta ternura, mas ésta únicamente era por Ulises y la nieta. De pronto los personajes dejaron de ser ajenos a mí y llegué a involucrarme en la historia. Algunas veces no entendía las decisiones que tomaban los personajes, y debo admitir que en un primer momento preferí que el final del cuento sea otro; pero luego me di cuenta que no era posible, que de lo contrario, Eréndira no habría logrado su propósito y su sueño. Que el final feliz no es para nosotros, los lectores, sino que está reservado únicamente para Eréndira.