miércoles, 26 de octubre de 2011

La explotación del indio en el “Sueño del Pongo”

Muchas veces podemos pensar que la situación de la explotación social es muy ajena a nuestra realidad, que es algo que no nos respecta, debido a que no la practicamos, y por lo tanto no debería inmutarnos. Pero… ¿realmente no la practicamos? ¿Realmente es una situación lejana a nuestro entorno? Tal vez, al vivir el día a día, acostumbrados a la rutina y “normalidad” del atropello, no se nos es posible notarlo. Tal vez vivimos ciegos, intentando tapar el sol con un dedo.

Para contar con un mejor entendimiento del tema, creo conveniente establecer primero una definición del mismo. Según el diccionario de la Real Academia Española, el concepto explotación es utilizar en provecho propio, por lo general de un modo abusivo, las cualidades o sentimientos de una persona, de un suceso o de una circunstancia cualquiera. Entonces se puede afirmar que una explotación es un atropello a la integridad humana, puesto que se hace uso de su esencia únicamente para satisfacer intereses propios, sin dejar importancia alguna para los intereses de la persona explotada.

El cuento “El sueño del Pongo” de José María Arguedas presenta una situación inevitablemente cierta y cercana a nuestra realidad. Narra la explotación de un indio, Pongo, por su patrón. Finalmente se muestra la reivindicación del indio a través de un sueño, el cual se lo cuenta al terrateniente. En dicho sueño tanto el Pongo como su patrón se encuentran en el cielo y ambos viven realidades diferentes a las suyas en vida, quedando así el Pongo en dicha y el hacendado en humillación. Se puede observar que este cuento refleja claramente la realidad peruana hace unas décadas, cuando la situación era extrema. En el cuento se hace clara referencia al maltrato físico y psicológico al indígena, simplemente por ser uno. Se alega además a la burla hacia éste, dejándolo en inferioridad y degradando su integridad constantemente. Lamentablemente ésta no ha cambiado mucho; si bien es cierto se ha apaciguado bastante, no se ha mejorado notablemente. La explotación sigue presente, de manera indirecta y hasta a veces invisible, pero presente. ¿Cómo?

No se deja de culpar a los indígenas por su ignorancia, por su falta de superación, cuando en realidad no son ellos quienes tienen la culpa de su falta de cultura. El ser humano vive de costumbres, y ellos se han acostumbrado a vivir de esa manera, se los ha acostumbrado a vivir de esa manera. Lo que pasa ahora es la consecuencia de todos aquellos años en los que ellos pasaron sus días en inferioridad, en humillación, con falta de recursos, de oportunidades. Así que ahora no conocen otra manera de vida, y culparlos por eso es como acusar a alguien de algo que no conoce. El hoy es la cosecha del ayer.

Lo único que esto provoca es un retroceso en el desarrollo económico del país, así como un impedimento para una unidad como nación. Al mantenerlos en un nivel sometido, el avance económico se ve truncado, pues no se permite el apogeo intelectual de cada ser, con el que se podría sacar provecho y hacer mejor uso de cada recurso natural existente en el Perú. Además, este contexto separa a la sociedad en dos grandes grupos, de los cuales sólo uno está destinado a triunfar. También esta realidad impide el avance, ya que es más fácil trabajar con un único grupo, a que con dos. Y con esto me refiero al Estado. Al trabajar con dos grupos muy diferenciados tanto social como económicamente, es necesario velar por las necesidades de cada uno, siendo éstas notablemente distintas para cada montón. Entonces el proyecto de desarrollo progresivo se demora, puesto que se debe hacer uno diferente para cada realidad. No es que no suceda, si no que se vuelve lento y más trabajoso.
Entonces, si realmente anhelamos una superación nacional, debemos incluir a cada miembro en ésta, sin velar únicamente por los intereses de unos y dejar de lado los de otros, explotándolos y violando su integridad. Pues, como ya mencioné, explotar no se refiere únicamente a un maltrato, sino también a un atropello. Un atropello de las aspiraciones, de los sueños, del intento de superación. Un atropello de las metas de cada persona, abriendo paso de esta manera a una frustración. ¿Por qué, mejor, no nos damos la oportunidad de confiar en nuestros compatriotas, y de creer en su capacidad y en la nuestra? Si estamos seguros de la eficiencia de nuestra capacidad para lograr nuestras metas, entonces no necesitamos de otros, no necesitamos de su excesivo sacrificio. La idea de la explotación para la superación personal queda entonces fuera de lugar. Mas para la superación nacional cada uno es indispensable, y todos necesitan de todos, por lo que hay que dar la oportunidad a cada uno de mostrar lo que tiene, de brillar, para así poder siquiera soñar son el apogeo peruano. Porque todos desean triunfar, todos anhelan cumplir sus metas. Porque todos soñamos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Qué factores impiden la formación de una identidad nacional en el Perú?

Muchas veces pensamos en lo lindo que sería  vivir en países extranjeros, o en lo productivo que sería si el Perú adoptara sus formas y rutinas. Pero, ¿alguna vez nos hemos puesto a pensar si el Perú está en condiciones de hacerlo? ¿O si acaso lo necesita? Mayormente nos limitamos a creer que el desarrollo de nuestro país está en manos de factores  ajenos a nosotros, como el problema social, una economía inestable, gobiernos corruptos. Nos limitamos. Es a lo que generalmente nos dedicamos… ¿Y alguna vez nos hemos limitado a sentirnos bien con lo que somos, con el país del que venimos, con nuestra patria?

En pocos años se dará lugar a un acontecimiento sumamente significativo para nuestra patria, para nuestra libertad: el Bicentenario de la Independencia del Perú. ¿Y qué hemos logrado? ¿Nos sentimos orgullosos de nuestro país? ¿Estamos realmente consientes de nuestra realidad?

Para algunos, la situación es bastante cómoda, muy normal, como ellos lo dirían, una vida comúnmente cotidiana y llevadera; hasta en algunos casos llegarían a decir: “Me va bien”. Sí claro, el contexto en el Perú no es de lo mejor, existe corrupción, injusticia, pero: “A mí me va bien, no me afecta, no hay nada que pueda hacer.” Sin embargo, hay también, algunos otros  que  dicen: “Me va bien” dentro de  una realidad algo diferente,  ésa en la que consiguieron ese día comer un trozo de carne, o tal vez en la que lograron que sus cosechas no se malogren y así lograr su sustento diario. Mayormente, por no decir siempre, estos algunos suelen ser los indígenas.

Y lo que pasa es que en nuestro país existe un grave problema de racismo: se cree que la raza con ascendencia española es más digna que aquella con sangre indígena. Pues bien, el origen de todo esto no se encuentra en los tiempos recientes, es decir, este conflicto racial no se ha creado de la noche a la mañana. Es un largo proceso por el que ha pasado la raza indígena, desde la época virreinal. Antes, en el tiempo de los incas, todos eran indígenas; la única discriminación existente era esa que iba en contra de otras culturas menores. Después de la conquista, la balanza cayó bruscamente hacia el otro lado, posición que no se ha logrado equilibrar hasta hoy en día. Los españoles presionaron a los indígenas, poniéndolos como sus esclavos y como una raza extremadamente inferior, postura muy conveniente para los españoles, pues ellos gozaban de mayores privilegios. Hasta en la temporada de las luchas por la Independencia y la posterior a esta, los criollos, provenientes de familias españolas, mantuvieron dichos beneficios; los indígenas continuaban en una condición inferior. Esto ha ocasionado que la mentalidad de las personas criollas de hoy en día sea de superioridad para con la raza nativa. Así que a lo largo del tiempo se ha ido creando cierto rencor, lo que impide la formación de una unión, de una identidad nacional.

Otro factor que evita su consolidación es la variedad de culturas presentes en el Perú. En realidad esto debería ser un gran aporte para nuestro país, sin embargo, dificulta, como ya lo mencioné, la existencia de una identidad nacional. Cada persona se identifica especialmente con su propia cultura, y la diferencia es bastante marcada. Y el verdadero impedimento es que no lo sabemos apreciar. Tal vez es porque ya nos acostumbramos a vivir así, o porque simplemente no nos damos cuenta o no conocemos sobre nuestra riqueza cultural. Pero lo cierto es que cuando una persona ha tenido la oportunidad de apreciar otra realidad, y con esto me refiero a otro país, es capaz de caer en la cuenta de la abundancia de nuestros tesoros, y es entonces cuando comienza a admirarlos y valorarlos como debe ser.

Pero también está este otro problema: la vergüenza que algunos peruanos sienten hacia su propia cultura e historia. Como se sabe, hace algunos años el gobierno dio la orden de no cantar más la primera estrofa del himno nacional, escrito originalmente por La Torre Ugarte; y, en vez de ella, la sexta; debido a la humillación y minimización de la integridad del peruano implícitas en la primera, por la forma en que está redactada dicha estrofa.  Mas la misma hace referencia nada más y nada menos que a nuestra historia. Entonces, ¿la estamos evitando? ¿Qué estamos evitando en realidad? ¿La manera vil en que oprimieron a nuestros ancestros? Porque dicha parte del himno nacional lo describe en pocas palabras casi a la perfección. Pero no hemos caído en la cuenta que si borramos esa etapa de la historia de nuestra memoria, borramos también la heroica libertad que conseguimos, el esfuerzo dado, la forma intachable de luchar por un ideal, la persistencia y la creencia fiel en el mismo, el ingenio y la evidente garra peruana para lograr el objetivo, pasando por cualquier dificultad interruptora. Borramos entonces la tenacidad peruana, visible hasta hoy en día, en personas tratando de sacar a sus familias adelante. “Largo tiempo el peruano oprimido/ la ominosa cadena arrastró; / condenado a una cruel servidumbre/ largo tiempo en silencio gimió. / Mas apenas el grito sagrado/ ¡Libertad! En sus costas se oyó, / la indolencia de esclavo sacude, / la humillada cerviz levantó (1; 2; 3; 4; 5; 6; 7; 8)”.

Intentamos ignorar el sacrificio hecho, tomando el camino más fácil: la ingratitud. ¿Por qué tenemos que sentirnos humillados por eso? Llevemos nuestra historia con la frente en alto, con dignidad, sintiéndonos como héroes de ella; sin que eso implique obviamente un rencor acumulado. Es verdad que la mentalidad del peruano es sufrida, justamente por la razón de la dura dolencia que el peruano ha vivido a lo largo de los años; y es eso lo que en realidad nos caracteriza. Es como nuestra esencia. Aún nos lamentamos por lo que los españoles hicieron con nuestros ancestros, como si lo hubieran hecho con nosotros. Pero recordar el pasado no significa vivirlo en el pecho, sino vivirlo en la mente. Nuestro hoy es ahora un presente, lo de ayer es historia, que ya no se debe sentir, mas no se puede olvidar; es la mayor fuente de consejo que tenemos. Pero de esto hay algo bueno que rescatar: de alguna manera sí existe una identificación con el pasado. Es decir, al sentirse todavía dolido por el padecer antiguo, el peruano expresa inconscientemente cierta solidaridad, cierto reconocimiento para con el pasado; lo que crea afinidad y reafirma que el peruano sí tiene entendimiento de su historia, de su cultura. En pocas palabras, detrás del hecho del sentir sufrido se encuentra eso que “supuestamente” no tenemos: unificación.

Entonces, si logramos unificarnos por nuestra historia, ¿por qué no lo hacemos también por todos los demás elementos que tenemos en común? Ya que, si intentamos darle a este concepto una aclaración, la unificación se logra a base de elementos en común. Y, a partir de esta definición, para el Perú sería entonces  bastante difícil conseguirla, debido a las muchas culturas que se desarrollan en este país, como ya mencioné antes. No obstante, en realidad sí contamos con dichos requisitos, lo que pasa es que los dejamos de lado. Está nuestra bella riqueza natural, nuestra historia, nuestra ingeniosa gastronomía y otros. Y si bien es cierto no son muchos, debemos aferrarnos fuertemente a esos pocos, y valorarlos inmensamente. Y así como a dichos elementos, debemos valorar y admirar también a cada cultura existente en el Perú, por más que no sea la propia, porque cada una contribuye y pone su esencia para que este país sea maravilloso. La multiculturalidad no es en realidad ningún impedimento para el desarrollo. El único impedimento es la falta de orgullo, la falta de amor por este país.

Entonces, si nos volvemos a preguntar: ¿qué bueno hemos logrado? … ¿Cuál sería tu respuesta? ¿Te sentirías ahora orgulloso de ser peruano?


Bibliografía:


http://es.wikipedia.org/wiki/Himno_Nacional_del_Per%C3%BA

Bicentenario de América

¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles. Simón Bolívar.

Si llevamos nuestras mentes a ese pasado trascendental, a la batalla triunfal que definió nuestra eterna libertad, entonces nos topamos con un parlamento motivador que logró la gloria de nuestro ejército en la Batalla de Junín. Pero bueno, ¿qué es exactamente lo que dice ese parlamento? Pues en concreto resalta la vital importancia que suponía nuestra independencia para América en su totalidad.

El Perú era el único territorio americano que aún albergaba, si no en su totalidad, en gran parte, al poder realista. De esa manera, las posibilidades de recaer en una monarquía bajo el poder de España eran múltiples. Y era justo por esa razón por la que los países vecinos, los cuales ya estaban independizados, poseían un gran sentimiento de miedo. En resumen, era sumamente significativa para la libertad de toda América la sola independencia del Perú.

Y ahora, después de casi 200 años de Emancipación, evocamos nuevamente estas escenas de lucha constante y gloria. Pero… ¿es exactamente gloria lo que sentimos? ¿Realmente nos sentimos orgullosos de lo que hemos logrado en todo este tiempo? Entonces nuestra mente hace alusión a los presidentes que nos han regido, algunos decentes, otros no tanto; a las guerras perdidas en un pasado más cercano; a la ignorancia de nuestra gente; y en fin, a la infinidad de situaciones vergonzosas por las que nuestro país ha pasado. Y la mayoría de veces no nos acordamos del otro lado, de nuestra riqueza natural, como lo son nuestras once ecorregiones; así como de la cultural, con la variedad de distintas civilizaciones que se desarrollaron en cada región, sin incluir a los Incas. Y se podría nombrar también la gastronomía peruana, tan exquisita y diversa. Y es así que, como de los malos, existen infinidad de aspectos positivos característicos de nuestra patria. Lo único que nos falta, es llevarlos con el pecho en alto.   

Y, para lograr este propósito, es extremadamente necesario contar con un proceso de educación. Esta es la única forma en que podamos construir una identidad peruana en común y que sea digna de orgullo. Y un ambiente de aprendizaje se da desde el núcleo de la sociedad: la familia. Lamentablemente en nuestro país se va creando de manera progresiva una mentalidad, constituida desde el hogar, herida y derrotista. No se nos hace fácil olvidar el rencor hacia nuestros países vecinos, por situaciones ni siquiera sucedidas en el presente. Se puede mencionar como un ejemplo la Guerra del Pacífico, que nos mantiene en enemistad con Chile. O simplemente el hecho de no sentirnos identificados con nuestra política y pensar que la mejoría del Perú no es algo posible en nuestra realidad, cuando ni nosotros mismos intentamos cambiarla, diciendo de forma excesivamente conformista: “Si los demás no lo hacen, de nada va a servir que lo haga yo.”

Es por eso que es indispensable que logremos apartarnos de los constantes complejos y prejuicios que de sobra tenemos, y botemos ese pensamiento mediocre y conformista que nos apodera; para que así podamos mirar más alto y motivarnos para traer a nuestra realidad ese Perú que tanto soñamos. Pero que esta vez no sólo se quede como tal. Recordemos que nosotros hacemos al país.  ¡Pues hagamos al Perú merecedor de una celebración en esta fecha, el bicentenario de su independencia y la de América!

Bibliografía:

http://blog.pucp.edu.pe/blog/identidadnacional

¿Nos quedamos en el mapa?

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: “Las apariencias engañan”? Al menos unas cuantas, ¿no? Pues bien, ¿es dicha frase tan sólo una forma de volvernos inseguros, o es que realmente intenta descubrirnos algo trascendente? A mi parecer, tiene un sutil tono de advertencia, como si nos retuviera un segundo, como si nos apelara a detenernos un momento para pensar, pero… ¿en qué?

“El mapa no es el territorio, y el nombre no es la cosa nombrada.” Alfred Korzybski. Si nos mencionan esta frase en una importante reunión, entonces diremos tal vez: “Muy sabio. ¡Pero qué cierto!” ¿Pero acaso tenemos idea alguna de lo que Alfred Korzybski quiere delatarnos con estas palabras? Muy superficialmente hace referencia a lo pobre que es un mapa en su información, por más detallado que sea. Nunca logrará mostrarnos la verdadera realidad de una zona, a las justas alcanzará a exhibir sus más conocidos y difundidos detalles, pero en un lugar no sólo se esconden sus características geográficas, están también sus riquezas culturales, sus creencias, sus costumbres, su gente. Eso no se revela en un simple y pobre mapa.

Además, el nombre de una cosa no es siempre lo que ésta significa, se limita a ser únicamente un significante. Es decir, que para cada individuo un objeto vendrá a contextualizar una realidad muy distinta, un diferente valor. ¿A qué me refiero con muy distinto? Por ejemplo, un caso muy concurrido, el alcohol. Para unos será este mismo una manera de diversión, de desinhibición, de poder hacer cosas que sobrio no las harían. En cambio, para otros es una manera de desahogo, un tipo de consuelo en el que intentan olvidar sus problemas, sus penas, su peso. Mas terceros sentirá que el alcohol es un tormento, una sombra que los persigue, un contexto del que no pueden escapar, el homicida de sus vidas. Es por eso que Alfred Korzybski manifiesta que el nombre no es la cosa nombrada.

Todo esto se da porque cada persona vive una realidad diferente. Detrás de cada sujeto con el que nos relacionamos, se esconde todo un nuevo mundo desconocido para nosotros, reservado únicamente para el dueño de esa realidad. Es decir, que cuando creemos conocer a una persona, es posible que no lo hagamos; probablemente percibamos solamente su estado y su sentir más superficial. Empero tras esa capa de superficialidad se encubre toda una riqueza indescifrable, incomprensible para la sociedad externa, por lo que el individuo prefiere ocultarlo. Justamente por esta razón cada persona tiene una manera peculiar de percibir y aceptar al mundo, al contexto en el que vivimos. Mucho mérito ha hecho alguien que logra entender el entendimiento del otro, pues así es posible, pero sólo posible, que comience a descubrir el yo interno de ese otro.

Entonces, si la frase del inicio nos frena por un momento para pensar, ¿en qué debemos pensar exactamente? Debido a que cada persona recibe a la realidad del  mundo de diferente forma, dependiendo de su realidad propia, ¿podemos acaso juzgarla por el modo en que lo hace? Nosotros no conocemos la realidad de los demás, por lo que no sabemos tampoco su forma de sentir. Si existe el dicho: “Piensa antes de hablar”, también debería existir uno que diga: “Piensa antes de juzgar”. Pues como las apariencias engañan, es posible asímismo que nuestros pensamientos nos engañen, y califiquen a un ser en nuestra realidad por algo que en su realidad no es. Es por eso que deberíamos intentar abrir nuestras mentes para así lograr entender la esencia de los que nos rodean, y valorarlos por lo que son y no por lo que parecen. Por algo somos humanos, no sólo contamos con nuestros cinco sentidos, los que nos hacen percibir únicamente la apariencia, sino también con una capacidad de análisis, de reflexión. Miremos más allá de nuestro entender, miremos más allá del mapa.

Análisis del cuento “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”

Gabriel García Márquez es un reconocido novelista de nacionalidad colombiana, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982. Nació y creció en Aracateca, un pueblo chico y con costumbres hogareñas, las cuales las plasma en el cuento “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”. A la vez describe los escenarios de esta narración con características del desierto, tal y como era el entorno de su ciudad natal. Además, al pasar mucho tiempo con sus abuelos maternos en su infancia, obtuvo cierta influencia por parte de ellos. Su abuelo, que fue un coronel, le solía decir constantemente a su nieto: “Tú no sabes lo que pesa un muerto”, con lo que hacía referencia a la gran carga que era haber matado a un hombre; por lo que Gabriel representa en este cuento el significado de dicha frase, narrando cómo la abuela carga con los cuerpos de los Amadises muertos en todo momento y al lugar que fuera. Por otro lado, admiró mucho la manera en que su supersticiosa abuela tratara lo fantástico con la mayor naturalidad, por lo que su estilo predominante en sus obras es el realismo mágico.

La voz del narrador, que es cuasiomnisciente,  describe el abuso y la explotación que comete una abuela hacia su pequeña nieta Eréndira y la falta de libertad de esta última, como la locura por hacerle pagar una deuda pendiente, originada cuando Eréndira incendió la casa de la abuela por accidente. De esta manera la abuela decide prostituir a su nieta, ya explotada antes por hacer todos y cada uno de los quehaceres de la casa y atender a la abuela, y cómo durante este trayecto conoce a un adolescente: Ulises. A la vez se puede notar que el cuento se encuentra basado en una antítesis entre la abuela, que era grande y, a pesar de haber sido prostituta en su pasado, con mucha dignidad; y Eréndira, la cual era menuda e introvertida. Asimismo hay en el cuento una gran peculiaridad, que es la repetición del “viento de su desgracia”, el cual ocasiona la deplorable situación de Eréndira y el tema de este relato y que toma durante el avance de la narración el poder de cambiar el destino de este personaje.

El fragmento por analizar se encuentra a poco más de la mitad del cuento y narra el camino al mar. Se divide en tres apartados, de los cuales en el primero se describe este viaje, recalcando la antítesis entre ambos personajes y la grandeza de la abuela. “(…)Su tamaño monumental había aumentado(…)”, con esto la vos del narrador resalta el gran tamaño de la abuela y su increíble dignidad, haciendo uso de una metonimia y una hipérbole. Además se aprecia un símil en: “(…) debajo de la blusa un chaleco delona de velero, en el cual se metía los lingotes de oro como se meten las balas en un cinturón de cartucheras. (…)”, donde el narrador indica la manera en que la abuela se apega a sus riquezas, y las lleva consigo en el cuerpo, como si fueran indispensables. “(…)Eréndira estaba junto a ella, vestida de géneros vistosos y con estoperoles colgados, pero todavía con la cadena de perro en el tobillo.”, aquí se observa claramente dos antítesis, en las cuales la voz del narrador explica la gran diferencia entre la abuela, que va libre, y Eréndira, que va amarrada. La segunda antítesis es en la mera situación de Eréndira, que viaja entre y con riquezas, pero aún así presa a todo eso.



El segundo apartado narra una nueva visión del porvenir, en la que la voz del narrador relaza también la ironía de la abuela. “No te puedes quejar (…) Tienes ropas de reina, una cama de lujo, una banda de música propia, y catorce

indios a tu servicio. ¿No te parece espléndido? (…)”, se puede observar una enumeración, con la que la abuela intenta resaltar y hacer parecer mayor la cantidad de comodidades que posee Eréndira. “(…) Sí, abuela. (…)”, con esta frase Eréndira representa una rendición hacia la abuela, que hace referencia al nivel inferior que toma en esa jerarquía. “(…) Cuando yo te (…) no quedarás a merced de los hombres, porque tendrás tu casa propia en una ciudad de importancia. Serás libre y feliz.”, con esto la abuela crea una visión para el futuro de Eréndira, completamente nueva para ella, en la que deja muy en claro que la libertad no incluye a ningún hombre. A la vez aparece una nueva antítesis con respecto al primer apartado, en el que la voz del narrador describe cómo Eréndira viaja amarrada a una cadena de perro, entonces se acentúa la ironía de la abuela. “(…) Se sometió en silencio al tormento de la cama en los charcos de salitre, en el sopor de los pueblos lacustres, en el cráter lunar de las minas de talco, (…)”, donde el narrador hace uso de un asíndeton, que hace lenta la oración, para subrayar la pesadez que siente Eréndira y la monotonía de sus días. “(…) mientras la abuela le cantaba la visión del futuro como si la estuviera descifrando en las barajas. (…)”, se aprecia un símil, con el que la voz del narrador recalca la facilidad con la que la abuela le relata el futuro a su nieta.



En el último y tercer apartado se describe la llegada al mar, que habla sobre un cambio y hace referencia al alivio que sienten ambas al alcanzar los límites del mar y que abre las puertas a un episodio nuevo. “(…) al final de un desfiladero opresivo, percibieron un viento de laureles antiguos, y escucharon piltrafas de diálogos de Jamaica, (…)”, la voz del narrador se presta de una metáfora, en la que “viento de laureles” es algo nuevo y diferente al “viento de la desgracia” que cambió el destino de Eréndira, por lo que el primero lo cambiará de una forma distinta. Entonces se explica un cambio entre lo agobiante y algo nuevo, distinto. A la vez esta metáfora indica que el viento era muy fuerte, tanto así que escucharon “piltrafas de diálogos de Jamaica”. “(…) sintieron unas ansias de vida, y un nudo en el corazón, y era que habían llegado al mar.”, se hace uso de una aliteración, para acelerar el ritmo y así recalcar este cambio, que también trae sensaciones diferentes a las que habían sentido antes.



Este cuento relata una historia realmente triste e increíble, tal y como lo dice el título, en la que se nota claramente el estilo de Gabriel García Márquez: el realismo mágico; y debo agregar que me impresiona la facilidad con la que este escritor hace tan real algo que es irreal, lo hace parecer parte de la vida cotidiana. Y es que mientras leía sentía dentro de mí infinidad de sensaciones, desde indignación y cólera por la abuela y Eréndiras hasta ternura, mas ésta únicamente era por Ulises y la nieta. De pronto los personajes dejaron de ser ajenos a mí y llegué a involucrarme en la historia. Algunas veces no entendía las decisiones que tomaban los personajes, y debo admitir que en un primer momento preferí que el final del cuento sea otro; pero luego me di cuenta que no era posible, que de lo contrario, Eréndira no habría logrado su propósito y su sueño. Que el final feliz no es para nosotros, los lectores, sino que está reservado únicamente para Eréndira.

martes, 12 de julio de 2011

Análisis lírico de"Viceversa"

El poema a analizar se titula “Viceversa”, escrito por Mario Benedetti, quien nació en Uruguay 14 de setiembre de 1920, y murió el 17 de mayo del 2009 también en Uruguay. Mario Benedetti fue un hombre que viajó mucho por ser exiliado continuamente de varios países. Justamente por esta razón vivió alejado durante bastantes años de su esposa, mujer a la que amó de por vida. Toda esta situación la plasma claramente en su composición “Viceversa”, en el que expresa abiertamente su condición vulnerable y su desconcierto ante tal realidad. Perteneció al Vanguardismo, exactamente a la Generación del 45. * Las primeras 3 estrofas son cuadrillas heptasílabas con rima consonante AAAA, mientras que en la última tanto la rima como la métrica se quiebran, volviéndose en métrica irregular y de verso libre.
El poema manifiesta el “desconcierto y la certeza” del yo poético sobre los sentimientos que el mismo experimenta hacia su ser amado, basándose en ello el poema entero; de esta manera presenta una antítesis entre situaciones positivas y negativas. Así resaltándose que el yo poético vive una viceversa.
Para un análisis más detallado del poema, se dividirá el mismo en 2 apartados; el primero conformado por 3 estrofas y el último, por la final. En el apartado número 1 es donde se hace más notoria la antítesis, pues el yo lírico da a conocer su realidad. “Tengo miedo de verte/ necesidad de verte/ esperanza de verte/ desazones de verte” (1-2-3-4), es de esta manera que el yo poético presenta  las primera polaridad de sus sentimientos, y para resaltarla aun más, hace uso de una epífora. Así refleja cómo él en una sola acción halla tan variados sentimientos, como la necesidad de ver a su ser amado, la cual se obstaculiza por un miedo. Asímismo el yo lírico experimenta esperanza de ver a esa criatura, sensación que representa acción de esperar, una espera ansiosa por algo que uno quiere; pero entonces se contradice al expresar que a la vez tiene desazones de verla, lo cual manifiesta que él ya la ha visto, y que esa experiencia no fue buena. “Tengo ganas de hallarte/ preocupación de hallarte/ certidumbre de hallarte/ pobres dudas de hallarte” (5-6-7-8), el yo lírico vuelve hacer uso de una epífora con la misma intención que en los versos anteriores. Así, se refiere con “ganas” a un deseo, un anhelo por ver al ente amado; pero siguiendo la secuencia de este poema, se vuelve a contradecir al sentir a la vez preocupación, palabra que encierra en su significado intranquilidad, angustia, temor de algo. Luego el yo lírico alude a una certidumbre de hallar al ser, con lo que expone su seguridad de encontrarlo; mas nuevamente opone esta situación resaltando con una hipérbole su vacilación ante este hecho. “Tengo urgencia de oírte/ alegría de oírte/ buena suerte de oírte/ y temores de oírte” (9-10-11-12), con esta última estrofa del primer apartado el yo lírico revela su posición frente al hecho de oír a su ser amado, de nuevo con una epífora. Con “urgencia” el yo poético hace alegación a la falta de escuchar la voz de la criatura, pero con “alegría” da a entender que ya lo hizo. Además, el yo lírico expresa su satisfacción al oír a este ser, como si este acontecimiento (escucharlo) fuera algo poco común, como la buena suerte. Mas luego refuta esta idea al hacer alegación a “temores”, con lo que el yo poético se refiere a una sensación negativa, a algo dañino.
En el último apartado el yo lírico expresa su desconcierto ante toda esta situación, ante estas contradicciones de él mismo. Es por eso que en esta última estrofa no se presenta ni rima ni una métrica regular. “O sea/ resumiendo/ estoy jodido/ y radiante” (13-14-15-16), el yo poético hace uso de una diseminación y recolección, para así sintetizar toda su situación anterior en algo más concreto. Asimismo vuelve a usar una antítesis para reflejar con mayor claridad su confusión, declarando de esta manera que a pesar de ser tan vulnerable y de estar en una condición deplorable, se siente feliz y conforme con ese ser y de amarlo así como lo ama. “Quizá más lo primero/ que lo segundo/ y también/ viceversa.” (17-18-19-20), en estos últimos versos el yo lírico manifiesta su inseguridad ante la posibilidad de estar más “jodido” que “radiante” o al revés, destacando su aturdimiento ante su realidad y finalizando el poema con el título y la única palabra que encierra todo su estado: viceversa.   
La composición manifiesta con gran notoriedad la vulnerabilidad que su autor sintió al vivir alejado tanto tiempo de su ser amado, pero a la vez su aceptación a esta condición, y su conformidad con amar a dicho ser, como si este último hecho compensara el primero. El poema genera asimismo una sensación de admiración, mas no de angustia, puesto que el yo lírico no apela al lector a meterse y formar parte del poema, lo mantiene aparte, distante a la realidad del mismo. Su finalidad es únicamente exteriorizar su sentir, como un desfogue, conformándose sólo con darlo a conocer.  

jueves, 2 de junio de 2011

Análisis lírico de "Canción de amor de la joven loca"

Silvia Plath es una autora suicida nacida en 1932. Padecía una enfermedad mental, tanto así que lo expresa en su obra. En la “Canción de amor de la joven loca” podemos afirmar que la autora se autodefine loca, demostrando su amor a un ser imaginario de descocido género sexual. Pues la autora se sentía cada vez más pendiente de la duplicidad en la que su segundo yo era un hombre.

Al poema se le separa en 3 apartados, cada uno conformado por 2 estrofas. El primer apartado expresa de cierta forma veneración a la noche, donde el yo poético alaba a esta por ser el momento en el que se encuentra con este ser imaginario, pero amado. “Cierro los ojos y el mundo muere/ levanto los párpados y nace todo nuevamente” (1-2) al dormir, el yo poético se desconecta totalmente de la realidad para pasar a un mundo fantástico existente únicamente en su mente. “Las estrellas salen valseando en azul y rojo,/ Sin sentir galopa la negrura”, (4-5) corroborando con los versos anteriores, el yo poético, respaldándose en el color azul, espera la noche con confianza, afecto, amor, con un sentimiento apartado a la realidad. De igual forma, el color rojo representa el entusiasmo con el cual este la ve llegar. El yo poético utiliza un juego de palabras al decir “galopa”, pues esta significa al mismo tiempo desenfrenarse, con lo cual el yo poético insinúa que es un tiempo sin límites para imaginar. Por otro lado “galopa” es acción de galopar, lo cual nos da sensación de continuidad y monotonía, que da referencia a que el yo poético aguarda la noche como algo nuevo, diferente. Sintácticamente se produce un error ortográfico en la palabra “valseando”, expresando con eso irrealidad, además la perífrasis del verso cinco confirma lo ilusorio de este apartado.

El segundo apartado hace alegación a la magia que trae consigo este ser imaginario y el amor que el yo poético siente al idearlo. “Soñé que me hechizabas en la cama/ Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.” (7-8), se utiliza nuevamente un juego de palabras, “ hechizabas”, en ese caso significa también el deseo que este ser irreal despierta en el yo poético. En el siguiente verso, el cual es compuesto, utiliza esta composición para respaldar  la comparación que el yo poético hace  entre los besos de este ser y el sonido de la luna, que inspira paz, ya que da la sensación de un sonido lento y envolvente. “Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan: / escapan serafines y soldados de satán:”(10-11), el yo poético otorga grandeza celestial al momento de sentir a este ser ilusorio cerca de él. Alegando que en ese instante el infierno que vive en su vida real, despierta, se va, se esfuma. Asimismo el verso diez es un verso compuesto, en el cual se juntan ambas “realidades” para desmejorar la segunda.


El último apartado es una especie de reclamo a este ser imaginario, al haber desaparecido  de su mente, el yo poético se siente arrepentido al haberlo amado, expresando su impotencia y frustración. “Imaginé que volverías como dijiste, / Pero crecí y olvidé tu nombre”(13-14) en estos versos el yo poético manifiesta su queja, su reproche y decepción al no tener más a su amado subreal, al haber creído en él. “Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti; / Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.”  El “debí haber…” demuestra lamento y recalca el arrepentimiento del yo poético al haberse enamorado de este ser, haciéndolo inferior ante un ser misterioso y hostigador, pues aún teniendo estas características, “el pájaro de trueno” sí regresa, y que al hacer uso de “ruge”, lo cual simboliza un sonido fuerte y notorio, el yo poético revela que este ser, al contrario que su amor imaginario, al regresar, se hace notar. Esto manifiesta que el yo poético espera en vano, demostrando su locura de amor.

A lo largo del poema se puede apreciar  la exhibición de alteraciones de dos versos. “Cierro los ojos y el mundo muere” resaltando que para el yo poético la noche es otro mundo diferente, que el mundo real se desvanece inmediatamente en su sueño. “(Creo que te inventé en mi mente) con esto el yo poético reconoce o aparenta reconocer constantemente que este ser amado es ilusorio. Por otro lado, se encuentran animaciones a lo largo del poema, lo que reafirma lo fantástico  del mundo que el yo poético inventa en las noches. Además en la mayoría de versos, catorce de diecinueve, se empieza con verbos, haciendo el poema más ágil.






La locura: ¿relativa o absoluta?


¿Cuáles son los parámetros o límites dentro de los cuales se puede definir la locura? ¿Realmente se pueden establecer algunos? Pues bien, antes de  examinar el tema, creo conveniente en primer lugar saber qué significa este mismo.  Según la Real Academia Española, locura es la privación del juicio o uso de razón. Otras fuentes afirman que este término hace referencia a un comportamiento fuera de las normas sociales establecidas. Así que, tomando en cuenta estas definiciones, soy de la opinión que no hay una medición exacta de lo que es locura, con eso quiero decir, que no se puede definir con precisa seguridad a una persona como loca, lo que convierte a este asunto en muy subjetivo.
Edgard Allan Poe sostiene en su cuento “El corazón delator” que un loco, por sí mismo, no se define ni acepta su condición de tal, mientras que desde un punto de vista exterior el personaje tenga la apariencia de ser extremadamente zafado. La misma tesis se puede observar en la obra “El extranjero”, escrita por Albert Camus, que a través de su visión absurdista, refleja claramente que el crimen cometido por el personaje llamado Meursault, es inexplicablemente lógico para él, con razones supuestamente obvias, a pesar de estar consciente de que no era lo correcto. Como también existe el caso en el que las personas se califican como locas, como lo representa la autora Sylvia Plath en su obra “Canción de amor de la joven loca”, en la que se reconoce y reitera de forma nada sutil su condición. La cual incluso puede considerarse como una etapa de crisis emocional en la persona, en este caso, la joven loca. Esto manifiesta que   todos y cada uno de los individuos está expuesto a pasar por un período desordenado anímicamente, y, por la manera en que lo expresan, su situación puede llegar a aparentar cierta demencia. Por esta razón se puede afirmar que la locura no siempre es un estado permanente y propio de un sujeto, sino que asimismo puede ocurrir en determinados y cortos lapsos de tiempo, en los que el ser humano demuestra un comportamiento relativamente anormal, como consecuencia de un momento de desesperación o crisis en el que pierde el control de sí mismo.
Por todo lo expuesto, recalco que este tema en cuestión es sumamente relativo, y depende mucho de las costumbres en una sociedad, del medio en el que uno se desarrolla y de la ideología de sus ciudadanos, así como de su posición en la vida y situación de la persona señalada como demente. Por estas consideraciones es casi imposible ser enteramente objetivo al acusar cuán loco es el individuo aludido. Por ende, se puede concluir que no deberían existir límites exactos ni definidos para determinar que una persona es completamente loca o cuerda.

Identitá

¿En qué consiste en realidad el deseo de superación? ¿Es acaso un intento de cambio? En el cuento “Alineación” de Julio Ramón Ribeyro se narra la historia de un muchacho zambo de nacimiento, Roberto, decidido a toda costa a volverse gringo debido a una única razón: el racismo. Así, decide teñirse, cambiar su forma de vestir y aprender inglés, lo cual lo logra a la perfección. Esto, desde fuera, era visto como deseo de superación, excepto por los que lo conocían bien y largo tiempo. Y la pregunta es, como ya lo mencioné al principio: ¿es necesario cambiar tan radicalmente para mejorar?
Según el diccionario de la Real Academia Española, el verbo “superar” está definido como: vencer obstáculos o dificultades. De acuerdo con esta definición, y con la ideología de Roberto, ¿quiere decir que nuestra identidad nos obstaculiza o dificulta nuestra llegada al triunfo? Cuando uno imita o intenta parecerse a culturas exteriores, muchas veces es admirado, la gente piensa: “Éste se quiere superar, debería ser ejemplo para otros”, pero lo que no nos damos cuenta es que al crear semejante pensamiento, disminuimos, humillamos nuestra cultura, nuestra identidad la dejamos en vergüenza, la mandamos al carajo, como si fuera algo que esconder, como si no fuera motivo suficiente para lograr ser un ejemplo. Y no digo que aprender cosas nuevas de culturas nuevas sea malo, es más, todo y completamente lo contrario, esa sí es razón para admirar, mas no de reemplazar lo nuevo por lo nuestro. Podemos combinar, usar lo aprendido para mejorar algunas cosas que como estaban no andaban bien, pero jamás reemplazar. No sería ético, no sería justo para todo lo que por siglos se ha ido formando de a pocos, y aún se forma.
Entonces, si reflexionamos un poco, ¿qué preferimos ser? ¿Cola de león o cabeza de ratón? Sinceramente, y desde mi punto de vista, diría que lo segundo. Porque no me importa ser parte de algo grande y dominante, si esa parte es lo más insignificante e imperceptible de ese algo tan temeroso, con tanto poder. Erigiría mil veces ser parte de algo insignificante e imperceptible, si esa parte es lo más grande y dominante de ese algo tan débil e inofensivo. Porque así sé que con esa parte grande y dominante puedo hacer de algo insignificante e imperceptible un triunfo, una leyenda, y sólo con mi cultura, sólo con mi identidad.
Además pienso que el hecho de ser la cabeza de ratón no depende del lugar, pues el lugar no hace a la persona; por el contrario, implica, más que someterse a las exigencias de la zona, una actitud. Pues no  influye, como ya he dicho, el sitio, ya que si se es cabeza de ratón en el más diminuto pueblo del mundo, se seguirá siéndolo en la más grande metrópoli. La actitud de liderazgo no cambia. Mas eso no compromete a que hayan mejores y peores, puesto que cada persona es diferente y goza de distintas inteligencias, nunca las mismas. Ésto significa que  algunos tienen talento en algunas actividades, y otros, en otras. Por esa misma razón opino que el sistema que la sociedad actual ha impuesto, y con esto me refiero a la competitividad, no es una forma posible para nosotros, debido a la complejidad de nuestras diferencias. Sin embargo es necesario adaptarse a dicho sistema, para así poder gozar de un desarrollo profesional adecuado. Pero esto se puede lograr de mejor manera explotando nuestras  capacidades, para lo que es necesario conocerlas, y no siempre siguiendo los regímenes puestos por la sociedad. A veces es mucho mejor romper patrones. No sólo para desarrollarse profesionalmente, sino también para ser felices, haciendo lo que nos gusta y en lo que somos buenos. Y eso es posible sólo si somos quienes somos, si valoramos, cuidamos y alimentamos nuestra identidad.
Y encuentro pertinente agregar que esto no tiene ningún  vínculo con la conformidad, ni que se le ocurra a alguien siquiera pensar semejante desfachatez. Todo lo opuesto, nos enseña a aceptar quienes somos en realidad, y sentirnos orgullosos de ello. Conformismo sería más bien intentar ocultarnos bajo máscaras, para así no tener que hacer sobresalir lo nuestro. Sería mucho más fácil triunfar aparentando ser lo que la sociedad pide, y no lo que uno mismo es. Entonces preguntémonos: ¿para superarse es un requisito hacer un cambio radical, o sólo deshacerse de la mediocridad?