jueves, 2 de junio de 2011

Análisis lírico de "Canción de amor de la joven loca"

Silvia Plath es una autora suicida nacida en 1932. Padecía una enfermedad mental, tanto así que lo expresa en su obra. En la “Canción de amor de la joven loca” podemos afirmar que la autora se autodefine loca, demostrando su amor a un ser imaginario de descocido género sexual. Pues la autora se sentía cada vez más pendiente de la duplicidad en la que su segundo yo era un hombre.

Al poema se le separa en 3 apartados, cada uno conformado por 2 estrofas. El primer apartado expresa de cierta forma veneración a la noche, donde el yo poético alaba a esta por ser el momento en el que se encuentra con este ser imaginario, pero amado. “Cierro los ojos y el mundo muere/ levanto los párpados y nace todo nuevamente” (1-2) al dormir, el yo poético se desconecta totalmente de la realidad para pasar a un mundo fantástico existente únicamente en su mente. “Las estrellas salen valseando en azul y rojo,/ Sin sentir galopa la negrura”, (4-5) corroborando con los versos anteriores, el yo poético, respaldándose en el color azul, espera la noche con confianza, afecto, amor, con un sentimiento apartado a la realidad. De igual forma, el color rojo representa el entusiasmo con el cual este la ve llegar. El yo poético utiliza un juego de palabras al decir “galopa”, pues esta significa al mismo tiempo desenfrenarse, con lo cual el yo poético insinúa que es un tiempo sin límites para imaginar. Por otro lado “galopa” es acción de galopar, lo cual nos da sensación de continuidad y monotonía, que da referencia a que el yo poético aguarda la noche como algo nuevo, diferente. Sintácticamente se produce un error ortográfico en la palabra “valseando”, expresando con eso irrealidad, además la perífrasis del verso cinco confirma lo ilusorio de este apartado.

El segundo apartado hace alegación a la magia que trae consigo este ser imaginario y el amor que el yo poético siente al idearlo. “Soñé que me hechizabas en la cama/ Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.” (7-8), se utiliza nuevamente un juego de palabras, “ hechizabas”, en ese caso significa también el deseo que este ser irreal despierta en el yo poético. En el siguiente verso, el cual es compuesto, utiliza esta composición para respaldar  la comparación que el yo poético hace  entre los besos de este ser y el sonido de la luna, que inspira paz, ya que da la sensación de un sonido lento y envolvente. “Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan: / escapan serafines y soldados de satán:”(10-11), el yo poético otorga grandeza celestial al momento de sentir a este ser ilusorio cerca de él. Alegando que en ese instante el infierno que vive en su vida real, despierta, se va, se esfuma. Asimismo el verso diez es un verso compuesto, en el cual se juntan ambas “realidades” para desmejorar la segunda.


El último apartado es una especie de reclamo a este ser imaginario, al haber desaparecido  de su mente, el yo poético se siente arrepentido al haberlo amado, expresando su impotencia y frustración. “Imaginé que volverías como dijiste, / Pero crecí y olvidé tu nombre”(13-14) en estos versos el yo poético manifiesta su queja, su reproche y decepción al no tener más a su amado subreal, al haber creído en él. “Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti; / Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.”  El “debí haber…” demuestra lamento y recalca el arrepentimiento del yo poético al haberse enamorado de este ser, haciéndolo inferior ante un ser misterioso y hostigador, pues aún teniendo estas características, “el pájaro de trueno” sí regresa, y que al hacer uso de “ruge”, lo cual simboliza un sonido fuerte y notorio, el yo poético revela que este ser, al contrario que su amor imaginario, al regresar, se hace notar. Esto manifiesta que el yo poético espera en vano, demostrando su locura de amor.

A lo largo del poema se puede apreciar  la exhibición de alteraciones de dos versos. “Cierro los ojos y el mundo muere” resaltando que para el yo poético la noche es otro mundo diferente, que el mundo real se desvanece inmediatamente en su sueño. “(Creo que te inventé en mi mente) con esto el yo poético reconoce o aparenta reconocer constantemente que este ser amado es ilusorio. Por otro lado, se encuentran animaciones a lo largo del poema, lo que reafirma lo fantástico  del mundo que el yo poético inventa en las noches. Además en la mayoría de versos, catorce de diecinueve, se empieza con verbos, haciendo el poema más ágil.






La locura: ¿relativa o absoluta?


¿Cuáles son los parámetros o límites dentro de los cuales se puede definir la locura? ¿Realmente se pueden establecer algunos? Pues bien, antes de  examinar el tema, creo conveniente en primer lugar saber qué significa este mismo.  Según la Real Academia Española, locura es la privación del juicio o uso de razón. Otras fuentes afirman que este término hace referencia a un comportamiento fuera de las normas sociales establecidas. Así que, tomando en cuenta estas definiciones, soy de la opinión que no hay una medición exacta de lo que es locura, con eso quiero decir, que no se puede definir con precisa seguridad a una persona como loca, lo que convierte a este asunto en muy subjetivo.
Edgard Allan Poe sostiene en su cuento “El corazón delator” que un loco, por sí mismo, no se define ni acepta su condición de tal, mientras que desde un punto de vista exterior el personaje tenga la apariencia de ser extremadamente zafado. La misma tesis se puede observar en la obra “El extranjero”, escrita por Albert Camus, que a través de su visión absurdista, refleja claramente que el crimen cometido por el personaje llamado Meursault, es inexplicablemente lógico para él, con razones supuestamente obvias, a pesar de estar consciente de que no era lo correcto. Como también existe el caso en el que las personas se califican como locas, como lo representa la autora Sylvia Plath en su obra “Canción de amor de la joven loca”, en la que se reconoce y reitera de forma nada sutil su condición. La cual incluso puede considerarse como una etapa de crisis emocional en la persona, en este caso, la joven loca. Esto manifiesta que   todos y cada uno de los individuos está expuesto a pasar por un período desordenado anímicamente, y, por la manera en que lo expresan, su situación puede llegar a aparentar cierta demencia. Por esta razón se puede afirmar que la locura no siempre es un estado permanente y propio de un sujeto, sino que asimismo puede ocurrir en determinados y cortos lapsos de tiempo, en los que el ser humano demuestra un comportamiento relativamente anormal, como consecuencia de un momento de desesperación o crisis en el que pierde el control de sí mismo.
Por todo lo expuesto, recalco que este tema en cuestión es sumamente relativo, y depende mucho de las costumbres en una sociedad, del medio en el que uno se desarrolla y de la ideología de sus ciudadanos, así como de su posición en la vida y situación de la persona señalada como demente. Por estas consideraciones es casi imposible ser enteramente objetivo al acusar cuán loco es el individuo aludido. Por ende, se puede concluir que no deberían existir límites exactos ni definidos para determinar que una persona es completamente loca o cuerda.

Identitá

¿En qué consiste en realidad el deseo de superación? ¿Es acaso un intento de cambio? En el cuento “Alineación” de Julio Ramón Ribeyro se narra la historia de un muchacho zambo de nacimiento, Roberto, decidido a toda costa a volverse gringo debido a una única razón: el racismo. Así, decide teñirse, cambiar su forma de vestir y aprender inglés, lo cual lo logra a la perfección. Esto, desde fuera, era visto como deseo de superación, excepto por los que lo conocían bien y largo tiempo. Y la pregunta es, como ya lo mencioné al principio: ¿es necesario cambiar tan radicalmente para mejorar?
Según el diccionario de la Real Academia Española, el verbo “superar” está definido como: vencer obstáculos o dificultades. De acuerdo con esta definición, y con la ideología de Roberto, ¿quiere decir que nuestra identidad nos obstaculiza o dificulta nuestra llegada al triunfo? Cuando uno imita o intenta parecerse a culturas exteriores, muchas veces es admirado, la gente piensa: “Éste se quiere superar, debería ser ejemplo para otros”, pero lo que no nos damos cuenta es que al crear semejante pensamiento, disminuimos, humillamos nuestra cultura, nuestra identidad la dejamos en vergüenza, la mandamos al carajo, como si fuera algo que esconder, como si no fuera motivo suficiente para lograr ser un ejemplo. Y no digo que aprender cosas nuevas de culturas nuevas sea malo, es más, todo y completamente lo contrario, esa sí es razón para admirar, mas no de reemplazar lo nuevo por lo nuestro. Podemos combinar, usar lo aprendido para mejorar algunas cosas que como estaban no andaban bien, pero jamás reemplazar. No sería ético, no sería justo para todo lo que por siglos se ha ido formando de a pocos, y aún se forma.
Entonces, si reflexionamos un poco, ¿qué preferimos ser? ¿Cola de león o cabeza de ratón? Sinceramente, y desde mi punto de vista, diría que lo segundo. Porque no me importa ser parte de algo grande y dominante, si esa parte es lo más insignificante e imperceptible de ese algo tan temeroso, con tanto poder. Erigiría mil veces ser parte de algo insignificante e imperceptible, si esa parte es lo más grande y dominante de ese algo tan débil e inofensivo. Porque así sé que con esa parte grande y dominante puedo hacer de algo insignificante e imperceptible un triunfo, una leyenda, y sólo con mi cultura, sólo con mi identidad.
Además pienso que el hecho de ser la cabeza de ratón no depende del lugar, pues el lugar no hace a la persona; por el contrario, implica, más que someterse a las exigencias de la zona, una actitud. Pues no  influye, como ya he dicho, el sitio, ya que si se es cabeza de ratón en el más diminuto pueblo del mundo, se seguirá siéndolo en la más grande metrópoli. La actitud de liderazgo no cambia. Mas eso no compromete a que hayan mejores y peores, puesto que cada persona es diferente y goza de distintas inteligencias, nunca las mismas. Ésto significa que  algunos tienen talento en algunas actividades, y otros, en otras. Por esa misma razón opino que el sistema que la sociedad actual ha impuesto, y con esto me refiero a la competitividad, no es una forma posible para nosotros, debido a la complejidad de nuestras diferencias. Sin embargo es necesario adaptarse a dicho sistema, para así poder gozar de un desarrollo profesional adecuado. Pero esto se puede lograr de mejor manera explotando nuestras  capacidades, para lo que es necesario conocerlas, y no siempre siguiendo los regímenes puestos por la sociedad. A veces es mucho mejor romper patrones. No sólo para desarrollarse profesionalmente, sino también para ser felices, haciendo lo que nos gusta y en lo que somos buenos. Y eso es posible sólo si somos quienes somos, si valoramos, cuidamos y alimentamos nuestra identidad.
Y encuentro pertinente agregar que esto no tiene ningún  vínculo con la conformidad, ni que se le ocurra a alguien siquiera pensar semejante desfachatez. Todo lo opuesto, nos enseña a aceptar quienes somos en realidad, y sentirnos orgullosos de ello. Conformismo sería más bien intentar ocultarnos bajo máscaras, para así no tener que hacer sobresalir lo nuestro. Sería mucho más fácil triunfar aparentando ser lo que la sociedad pide, y no lo que uno mismo es. Entonces preguntémonos: ¿para superarse es un requisito hacer un cambio radical, o sólo deshacerse de la mediocridad?